miércoles, 9 de noviembre de 2011

Efectos Psicológicos

Son varios los efectos como la pérdida de memoria a corto plazo, la capacidad de concentración, confusión, estados de pánico, alteración de la realidad, la capacidad de razonar disminuye, falta de interés, insomnio,  se sufre de depresión en algunos casos y se sufre el “síndrome amotivacional”, que se caracteriza por la falta de interés y poca motivación en las relaciones personales.


El THC puro en sujetos no habituados al consumo tiene efecto al administrar 2 mg fumándolo, lo que provoca una euforia discreta, 5 mg si es ingerida, pero al incrementarse la dosis da origen a estados de cambios en la percepción y sentido del tiempo, cambios en la imagen corporal, distorciones perceptuales, incoordinación muscular, ilusiones o alusionaciones, la memoria a corto plazo se altera, se deteriora la capacidad de realizar tareas que requieren estados mentales múltiples o secuencias precisas de movimientos.


Las dosis elevadas de THC pueden producir estados tóxicos severos con sentimientos de pánico y paranoia, despersonalización, angustia extrema, y estos estados se pueden dar tanto en individuos que están habituados a la sustancia como los que no, pero son más frecuentes en enfermos psiquiátricos (como aquellos que padecen esquizofrenia).


A partir de estudio toxicológicos que vienen desde 1944 de la Academia de Ciencias de Nueva York, se realizaron estudios en la Armada de los Estados Unidos a las tropas que se encontraban en Panamá en el año de 1930 y se observaron las siguientes conclusiones:
1. La marihuana en dósis efectivas interfiere con el funcionamiento intelectual.
2. No cambia la estructura de la personalidad del individuo, sino que produce una sensación de autoconfianza que se expresa en el pensamiento, no en la acción ya que de hecho, la actividad física disminuye.
3. Los que ha fumado marihuana por años no muestran deterioro físico o mental atribuido a la droga.
(1) O. Ray y C. Ksir, Drugs, society and human behavior, 6a edición ed. Mosby, San Luis, 1993.


Se habla del daño cerebral y de locura que produce la cannabis, y a pesar de que se han encontrado pruebas en animales de dicho daño cerebral (en el hipocampo), éste no ha sido confirmado en los seres humanos, y es que la insanidad que se adjudica al uso de la marihuana es injustificado, ya que es relativamente fácil distingir los efectos de la marihuana de los del alcohol, tranquilizantes, solventes orgánicos, etc.


Otro síndrome adjudicado al consumo de la marihuana es el amotivacional, es decir, un cuadro de apatía, aburrimiento, alteraciones del juicio, concentración y memoria, pérdida de interés para relacionarse con otras personas o superación personal; aquí se incluye también el desgano general, falta de cuidado en la apariencia personal y se detecta en fumadores crónicos de altas dosis de marihuana.


Esto se da por las dosis elevadas de THC en la sangre, que persisten varias semanas después de que se suprime la administración, pero no se da un daño orgánico cerebral irreversible porque los síntomas desaparecerán poco a poco después de limpiar el organismo de la sustancia.


Diversos investigadores se han dado a la tarea de buscar daño cerebral en monos que han sido sujetos a una intoxicación crónica con humo de cannabis sirviéndose de una máscara con tres diferentes dosis, y al cabo de un año, se entrenó a los monos  para que con un botón pidieran pastillas con sabor a plátano a través del método de reforzamiento progresivo; al realizarse el examen post mortem se certificó que no hubo daño en el nivel estructural o neuroquímico.


Así también, no se ha comprobado que la cannabis produzca adicción o que conduzca al consumo de otras drogas, y se ha estudiado tanto en animales como en seres humanos, con síntomas relativamente discretos al sufrir de la abstinencia de la sustancia y dura de 4 a 5 días.














O. Ray y C. Ksir, Drugs, society and human behavior, 6a edición ed. Mosby, San Luis, 1993.

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